Otra vez, volvemos a las labores escribas. En los últimos días venía pensando en una cuestión que, por más que quiera evitarlo, ocupa terreno en mi cabeza. Todos nos encontramos alguna vez con personas que nos hacen daño por algún motivo, que nos traicionan, que nos desprecian, que nos provocan sufrimiento de forma voluntaria, consciente. Personas que dejan huella, pero para mal.
Esos individuos no merecerían un solo segundo de nuestra atención, pero, por alguna extraña razón, suele ocurrir todo lo contrario. A veces el mal que nos han hecho es tan fuerte que nos acordamos de esos engendros de forma constante, o bien nos vienen a la memoria en un momento dado, puede que el más inoportuno. O también pueden aparecer en conversaciones con terceras personas.
¿Por qué, si no merecen atención, la reciben? ¿Por qué no podemos desterrar de la mente a semejantes impresentables? ¿Por qué, después del desprecio que nos hayan podido hacer en sus múltiples formas, somos incapaces de borrarlos? Maldito resquemor, maldito resentimiento, maldito rencor, maldito odio, maldito trauma que nos han generado. ¿Por qué, si puede que ni siquiera representen nada en nuestras vidas, en nuestro día a día?
Hace un tiempo, una persona me hizo el desprecio más fuerte que he sufrido en los últimos años. Pero, además, tuvo el acierto de perpetrar su desplante justo en el peor día que podía ser. Un desaire aderezado con injurias ante el cual la única reacción que cabe es la ignorancia, por mi propio bien, pero que soy incapaz de poner en práctica. Demasiados nexos en común, muchos más de los que aparentemente existían. El odiado individuo aflora en conversaciones, bien sea como monográfico (quizá porque hay a quien le ha hecho más daño que a mí), bien porque se aluda a él de forma inconsciente, o bien porque me acuerde de él justo cuando menos falta hace.
Decía en mi anterior entrada que en internet hay que saber qué cosas conviene callar, incluso en los desahogos. Dudo que el cretino ser se pase por aquí; en todo caso, a lo mejor terceras personas creen saber a quién me refiero, pero no temo por ello. En todo caso, puede que me digan que no vale la pena esta entrada, que ese elemento no merece ni un segundo de mis pensamientos. Y reconozco que es así, pero el trauma se llevó a cabo. Supongo que sigo sin encontrar una explicación a su comportamiento, y por eso no me puedo quitar de encima el asunto, aunque ello me suponga un problema añadido al propio desconcierto que me generó esa actitud.
Tengo que borrar de mi mente a esa exaltación de la ruindad, así que si puedo lo haré mañana mismo contando cosas bastante más agradables. Pero hoy necesitaba un desahogo, después de que el fantasma se me apareciera. ¿Por qué me viniste a la cabeza al final de un día perfecto? Lárgate del lugar por el que nunca debiste aparecer con tus lisonjas.
Hay una canción que viene al pelo, y que además me recuerda otro hecho muchísimo más agradable. Está a punto de hacer dos años, el 19 de julio, que fui a Pedreguer a ver a Fangoria en concierto. He encontrado en Youtube este vídeo de una actuación suya en directo, con todo el elenco que pudimos ver sobre el escenario. Estos 4 minutos 25 segundos me han traído muy buenos recuerdos, a modo de primer paso para olvidarme de quien no merece más espacio.
Y lo dicho, a la próxima, si no pasa nada, cosas muchísimo más agradables.
Hace una semana decía que no se me ocurría qué decir, que mi mente estaba demasiado absorbida por la rutina y que era casi incapaz de discurrir sobre cualquier otra cosa. Y que ahondar siempre en lo mismo resultaba aburrido. Pues bien, hoy sí se me ocurre qué contar. Pero hay un problema: son cosas que quizá resulte imprudente orear en público.
Se recurre con frecuencia a decir que internet es el medio de la libertad, donde cada cual puede expresar lo que siente sin cortapisas. ¿Pero sin consecuencias? Eso ya es algo bien distinto. Si se escribe algo, hay que ser bien consciente de quién puede leerlo. Y si ese potencial lector es todo el mundo, más vale andarse con cuidado. No conviene pecar de incautos.
Hablaría, pero creo que mejor en privado. Aunque sea de forma colectiva, pero que los destinatarios sean sólo quienes a mí me interesan, y que guarden la confidencialidad. Con esa seguridad sí me expresaré con toda libertad. Pero si no, no son buenos tiempos para ir de temerarios por la vida.
No por ser la entrada breve voy a prescindir del videoclip, aunque estos de Youtube me lo ponen cada vez más difícil. O, más bien, las discográficas, que retienen sus vídeos de forma que no los puedas insertar en otro lugar. No entiendo el motivo, la verdad. Pero el caso es que no puedo poner el videoclip de una canción que creo que va como anillo al dedo a esta entrada, Bullet with butterfly wings, de los Smashing Pumpkins. En su lugar, pongo una versión en directo, que, eso sí, va después de una larga presentación en francés, de la que confieso que no entiendo nada, por aquello de mi desconocimiento sobre esa lengua.
Aún así, recomiendo que veáis el videoclip. Os dejo aquí la dirección: http://www.youtube.com/watch?v=Ktff3bZpux8&feature=fvst
Y, por lo demás, lo de siempre...
Saludos al personal.
Se ha pasado ya medio año 2009 y aún casi ni me había enterado de su llegada
Han pasado 23 días desde mi última entrada. Acababa mayo con el vitalismo que dan unas intensas vacaciones recién terminadas. La primera entrada de junio podía haber tardado poco en llegar y seguir con el mismo tono, pero ha tardado más de tres semanas y lo hace de una forma bien distinta. El día a día es anodino, tirando a gris, y frío aunque cada vez haga más calor. Los errores parecen magnificarse y algunas puertas aparecen cerradas por seres de cabeza cúbica que creen regir los designios de la humanidad. Hay confusión, desorden... y noches en vela.
Ante esta situación, ¿para qué aburrir a nadie? ¿O para qué regodearme en los estragos de la rutina? La verdad es que, en estos casos, prefiero una huida hacia adelante. una solución a menudo inútil pero que esta vez en concreto sí me alienta. La huida hacia adelante de pensar en que apenas faltan dos meses para volver a tener unos días de asueto, que tengo intención de exprimir al máximo. La huida hacia adelante de pensar que, aunque 78,725 puntos no sirvieran de nada y me vaya a acordar del número 47 por mucho tiempo, puedo esperar a tomar el siguiente tren, o quizá ir a buscarlo en otra estación. La huida hacia adelante de entrar en el túnel y tratar de alcanzar la salida que se ve al fondo.
Mientras tanto, ya soy mayorcito como para conocer qué me afecta más de mi día a día y cómo afrontarlo o mitigar sus efectos, sin tener que repetirme aquí más que el ajo. Así que, por lo pronto, que vivan las pastillas inductoras del sueño y los castillos en el aire que esperamos poder convertir en realidad a corto o medio plazo.
Dudaba qué vídeo poner hoy, pero al final he optado por algo que me evada por completo. Aunque luego me ha costado encontrar un vídeo sin la leyenda "inserción desactivada por solicitud". Así que aquí va una versión en directo de Getting away with it, de James:
Aludir, por último, a una frase que no por más recordarla perderá vigencia: de los errores también se aprende, quizá más que de ninguna otra cosa.
Saludos al personal, en la noche de San Juan, con todos sus mitos asociados.
Se me han hecho las tantas, ganseando por la red, pero no quería que el mes de mayo se fuera sin dejar otra entrada. Además, la anterior quedaba un poco como en suspenso, con el anuncio de que estaba a punto de iniciar unas pequeñas vacaciones en Madrid. No decir nada de ese viaje sería como condenarlo al ostracismo, cuando en absoluto lo merece. Porque si hay algo que han conseguido esas minivacaciones es relajarme. He regresado y todo ha vuelto a ser igual, y, como decía en mi perfil público de Facebook, vuelvo a estar agitando la coctelera llena de tranquilizantes y café, pero mientras he estado fuera la realidad ha sido totalmente distinta. Y me he dado cuenta de hasta qué punto necesitaba escaparme por unos días de la sota, caballo y rey que es mi rutina.
No he hecho en Madrid nada especial que deba ser contado aquí, salvo algo que, precisamente, es uno de mis mayores alicientes: vida social. Se puede decir que no he parado, hasta el punto de aprovechar tanto el viaje de ida como el de vuelta para quedar con alguien. ¿Turismo? Pues, ya que estaba, sí: no me imaginaba que Sisante tuviera tantas casonas impresionantes, y comprobé que La Roda es mucho más que una localidad de paso que queda a un lado de la autovía. También comprobé, aunque tuviera que ser a toda velocidad, que Fray Luis de León tuvo la suerte de nacer en un pueblo tan bonito como Belmonte. Y, ya que la tenía bien cerca estando en Madrid, al fin pude comprobar que el casco histórico de Alcalá de Henares es gratamente sorprendente. La socorrida cámara digital ha permitido dejar testimonio gráfico de la mayor parte de todo eso:
Digo que hay fotos de casi todo, porque hubo incluso una anécdota que no pude inmortalizar. Entre otras cosas, porque cuando se produjo yo iba en el coche y, además, en ella participó otra persona a la que no tenía por qué fotografiar sin su consentimiento. Pero digamos que ocurrió instantes después de tomar esta imagen:
Es la entrada a la villa conquense de El Pedernoso, desde la carretera CM-3102, que viene desde Belmonte. En la foto se observan los rótulos del cruce con la N-301, la carretera que me disponía a tomar para seguir hacia La Roda, donde me esperaban para comer. Pero en ese cruce me aguardaba algo inesperado, una sorpresa en forma de hombre septuagenario empleado en una explotación ganadera cercana que hacía auto-stop para que alguien lo dejara lo más cerca posible de Villarrobledo, su localidad de residencia. De manera que fotografié la entrada a El Pedernoso por ser el pueblo natal de personas que conozco, residentes en Ibi, pero, inesperadamente, se trata de una foto que anuncia la anécdota de la jornada y, por extensión, de todas las vacaciones. Curioso compañero de viaje el que llevé en el asiento del copiloto durante 30 kilómetros.
Es muy tarde, así que voy a poner el vídeo musical y me marcho. Cuando recogí al senecto pastor autoestopista iba escuchando un CD casero donde entremezclo versiones de temas de Mecano y Radio Futura con las canciones originales, así que os voy a dejar con una de las primeras: la adaptación que hace el grupo granadino Niños Mutantes del clásico Perdido en mi habitación. Es uno de los pocos casos donde la versión me gusta más que el original (mucho más, en este caso). Disfrutad de esta actuación en directo:
Así que, lo dicho, han sido unas auténticas vacaciones en pleno mes de mayo. Y pensar ya en las próximas me anima. Claro que también pienso en algunas personas cercanas a las que transmito todo mi afecto, aquí y ahora, y que trataré de transmitirles, además, cara a cara en los próximos días.
Hace ya unos días que quería sentarme a escribir con tranquilidad una nueva entrada. Y resulta que, la jornada en la que yo dispongo de ese tiempo, otros quehaceres me obligan a ser breve, aunque de todos modos llevaré a cabo la redacción de la entrada. Desde ayer estoy disfrutando de un periodo de nueve días de vacaciones, que es el tiempo habitual de libranza que tenemos los que estamos en mi situación en la empresa en la que trabajo (es decir, la semana libre en sí, sumada a los dos días libres de la semana siguiente). Falta me hacía, muchas ganas tenía ya, después de un agitado invierno y una no menos movida primera mitad de la primavera.
Las vacaciones son un derecho legítimo, y que, al corresponderme a estas alturas del año (una semana ahora; el resto ya vendrá a lo largo de lo que queda de año), insisto en que falta me hacían para despejarme la mente. Ahora bien, por el sistema de pagos que tengo (y que yo acepté de forma voluntaria y consciente desde el momento en el que acepté el trabajo, hace ya cinco años, así que no hay nada de qué quejarme por esa parte), digamos que nueve días de libranza en pleno mayo no acaban de venir bien, hablando en criterios económicos. Son tiempos difíciles, de los cuales yo tampoco me escapo.
Llevo el cinturón apretado, pero aún así noto que el cuero de la correa está a punto de romperse. Los números rojos acechan y la incapacidad para gastar, siquiera en aquello que es perentorio, es cada vez mayor. Pero ¿qué hago? ¿Me estoy vegetando en casa? No debo, porque de ser así mi cabeza estallaría. Pero estas libranzas no podrán ser todo lo despreocupadas, monetariamente hablando, que yo hubiera deseado.
Es una suerte tener amigos en todas partes, como quien dice. Y, en este caso, en Madrid. La Villa y Corte espera otra vez. Quisiera que el viaje y todos los planes que en él hay previstos salieran bien; así lo espero, aunque los imponderables nunca dependen de nosotros. Pero se intentará que todos esos planes se lleven a cabo, y que su resultado sea óptimo.
La entrada que tenía en mente desde hace varios días podría haber terminado aquí, de no ser por una foto que un tío mío me enseñó ayer en papel, y que más tarde me pasó en formato digital. Es una imagen captada en el verano de 1980, en la que aparezco, junto con mi hermano y uno de mis primos, a lomos de una burra, mientras mi padre sujeta al animal para que no nos tire a todos al suelo. Esta vieja foto en la que veo tres en un burro me ha evocado muchísimos recuerdos.
Está captada en el cortijo donde mi abuela materna tenía su casa, en Chirivel (Almería); me acuerdo de aquellos veranos, de la casa que tanto me gustaba y que no pertenece ya a mi familia, de los familiares asociados a ella y que ya no están (mi propia abuela o mi recientemente fallecido tío), aquel paisaje tan transformado en la actualidad, mi infancia en general... Tantas y tantas cosas que un día fueron cotidianeidad y que hoy ya no están a mi alcance. No obstante, por suerte soy de esas personas que canalizan la nostalgia en un sentido positivo; aquello ya no está, pero su recuerdo es un gran estímulo para vivir el presente y afrontar un futuro, no una evocación estancada que impide que el tiempo siga su curso.
Ésta es la foto:
Con esta imagen, y con el videoclip de cada entrada, me voy a ir despidiendo. Esta fotografía, como comentaba, es de 1980. Ese año cosecharon su primer éxito Nacha Pop, La chica de ayer, que ha seguido reportando derechos de autor a Antonio Vega hasta su infortunada muerte hace unos días (y se los seguirá reportando a los herederos que tenga). Se nos ha ido un grandísimo músico que, pese a su enorme deterioro físico, pienso que nunca perdió un ápice de la dignidad que siempre lo caracterizó. Tuve la suerte de asistir a dos conciertos suyos, en Yecla en mayo de 2003 y en la Universidad de Alicante en noviembre de 2004, y de ambos salí fascinado. En ambos, interpretó esta pieza:
Alguna vez todos nos hemos quedado Esperando nada, pero siempre es preferible esperar algo. Yo espero que estos nueve días de descanso me reporten, al menos, un poco de tranquilidad. Al menos, eso; sólo con eso, ya me daría más que por satisfecho. Y después, a seguir afrontando el día a día con la mayor serenidad posible.
Primera entrada del nuevo mes, una semana después de la anterior. Estamos ya en mayo, quizá el mes primaveral por excelencia, en el que habitualmente empieza a notarse ya más calor y en el que la sensación de que el verano está más cerca va cobrando una fuerza notable. Sin embargo, para mí mayo ha tenido determinados años unas connotaciones muy distintas: lo he asociado a viajes, y en concreto a viajes académicos, dado que, desde 2002, y con carácter bienal, en ese mes han tenido lugar los cuatro congresos de Periodismo a los que he acudido en la ciudad de Guadalajara. Mayo de 2002 me abrió la puerta del turismo congresual, que no tengo intención alguna de cerrar, aunque ahora tengo que dejar forzosamente entreabierta por aquello de que la situación económica no es la más adecuada para hacer ese tipo de escapadas.
Me acuerdo ahora de las cuatro veces que he acudido al congreso de Prensa y Periodismo Especializado organizado por la Universidad Complutense en Guadalajara. La primera, en 2002, solo, joven y pardillo, perdido entre la gente y desubicado entre los estudiantes y los comunicantes; en 2004, codeándome con las altas esferas en un libro aparte, y en la buena compañía de Mari Carmen; en 2006, aprovechando la cita para conocer algo más Madrid, esta vez con la interacción de Josep; y en 2008, la contrariedad académica que llega con la edad, seguida de la exploración del mundo rural de Guadalajara y Soria con Antonio. Cada cita ha tenido lo suyo, y en cada una de ellas he podido conocer a unas cuantas personas o intimar con otras a las que ya conocía. Algunas fueron un paso más o menos fugaz por mi vida, pero otras no; la casualidad quiso ponerme a Josep en medio del camino el 5 de mayo de 2004, y a Marina el mismo día de 2006. A Mari Carmen, a Antonio y a Carolina -compañera de trabajo- los conocía por otras circunstancias, pero su compañía en estas citas fue un gran aliciente, sin duda. Otro más que añadir.
Me acuerdo ahora especialmente del congreso periodístico de 2008, y de los días siguientes recorriendo el norte de la provincia de Guadalajara y el sur de la de Soria, tomando la villa de Atienza como centro de operaciones. Narré el periplo en esta bitácora -que surgió, por cierto, después de que me animara a ello una de esas personas de paso fugaz tras el congreso de 2006-, por lo que no voy a repetirlo ahora. Lo que sí diré es que la cita académica del año pasado fueron además unas vacaciones. Desde que tengo mi actual trabajo, siempre he descansado una semana al inicio de la primavera. El año pasado, con el tema del congreso, lo dejé para mayo. Pensé que me costaría aguantar hasta esas fechas sin descansar, y así fue, pero tampoco supuso ningún trauma, todo hay que decirlo. Además, de ese modo, las vacaciones de verano luego quedaron más cerca.
Este año ocurre lo mismo. No he tenido una semana de vacaciones desde los primeros días de 2009, y ya va habiendo ganas. Es cierto que en abril tuve algún día libre más de lo habitual y, sobre todo, unas cuantas tardes libres, producto del importante número de festivos trabajados, pero nada más. No he tenido ocasión de olvidarme de la rutina durante una semana entera, así que por eso, como digo en el título de la entrada, tengo la vista puesta en mayo. No es mi mejor momento, por aquello de la incertidumbre general de la actual coyuntura y de que mi economía no goza de mucha holgura, pero trataremos de aprovechar la ocasión de la semana libre para relajarnos un poco.
Pensaba acudir a una quedada del foro de Saber y Ganar en Granada, pero un imprevisto me ha obligado a cambiar mis planes y, retrasando una semana la libranza, pensar otra vez en Madrid. El año pasado, el viajecito fue más bien de corte rural; ahora espero más una escapada urbanita. No sé qué me deparará; quisiera que algo bueno, ante todo. Y ese algo bueno puede ser, por ejemplo, unos días de descanso. Un poco de oxígeno que ayude a tirar hacia adelante en las semanas posteriores.
Decía hace unos días un simpático palentino en su blog Sentado en la Trébede (http://sentadoenlatrebede.blogspot.com) que le daba la impresión de que, en muchas ocasiones, los autores de las bitácoras electrónicas parecían escribir para ellos mismos, con un lenguaje cifrado que sólo ellos entendían. Tengo la sensación de haber hecho eso mismo en buena medida hoy. Señor Juan de Guaza, me va usted a perdonar por incurrir en el defecto que criticaba. Cosas que tiene uno...
Me voy a marchar ya. He hablado de Madrid, de Guadalajara y de algún sitio más, pero el videoclip de hoy no tiene que ver con esos lugares. Hoy, 7 de mayo, ha sido el 34 cumpleaños del manresano Jordi Simon, así que aprovecho la ocasión para dejarle esta felicitación (aparte de la que ya le he dado por teléfono hace unas horas). He tirado mano de mis limitados conocimientos de música en catalán, de una letra que vagamente recordaba de mis años universitarios, hasta que he dado con el título de la canción. Es una pena no haber encontrado el videoclip que recordaba, dado que la versión original de la canción es más relajada. Pero aún así, me encanta, así que disfrutad de Condemnats, de los manresanos Gossos:
Se me ha hecho hoy muy tarde y no podré explayarme tanto como tenía previsto. Acaba un mes que ha tenido de todo, incluyendo una de esas cosas que nunca quieres que te pasen, pero que ha acabado de muy buena manera. Este 28 de abril tuve ocasión de volver a Valencia, una de esas ciudades a las que nunca me canso de ir. Otro tute para mi sufrido coche, pero que de nuevo pienso que valió bien la pena.
Esta vez, la cita no era otra que la muy grata compañía del ilustre salmantino Roberto Sánchez, magnífico de Saber y Ganar con el que ya había tenido el placer de estar en otras dos ocasiones. Y otra vez, Amaia y Cris, los inmejorables anfitriones de la tarde del pasado 24 de abril. Poco que añadir sobre Roberto, puesto que toda mi admiración ya la mostré cuando lo conocí (agosto de 2008, ver archivo del blog), salvo reafirmarme en que, si ya es una persona arrolladora en conocimientos, mayor aún es la simpatía que destila.
Dicen que Saber y Ganar es un programa que no ve nadie y que resulta inexplicable que lleve tanto tiempo en antena (por no hablar de la reciente leyenda de si en realidad Jordi Hurtado está muerto). Pero eso de que no lo vean ni las ratas, me permitiré dejarlo en el entredicho. Si fuera así, Roberto hubiera pasado desapercibido por las calles de Valencia, y no hubiera sido parado, saludado y aclamado por decenas de personas a lo largo de todo el día. Ni siquiera una señora que viajaba en el tranvía a nuestro lado pudo reprimirse y mostrarle su admiración. No es para menos.
Por mi parte, reiterar lo de "magnífica" jornada, tan sólo empañada porque no pudimos asistir, tal y como teníamos previsto, a la representación de la obra Sentiments, que el grupo de teatro de la Universitat de València representaba en el edificio central de La Nau. De ese grupo forma parte Vicent Sanchis, al que al menos pude volver a ver después de unos cuantos meses (creo que ocho ya, madre mía cómo pasa el tiempo), y al que quería ver sobre el escenario, pero me quedé con las ganas. Pero como a grandes males, grandes remedios, Roberto y yo decidimos no perder el tiempo y dejarnos caer por la manifestación en protesta contra la política educativa de la Generalitat Valenciana, que ya que empatizamos con la causa, no estaba de más el mostrarlo públicamente.
Ilustraré la entrada con un par de imágenes de la jornada, la primera en la comilona (repetimos con la cervecería El Molinón, aunque esta vez sin sidra), y la segunda en el patio de la Universitat de València, ante la estatua de Joan Lluís Vives:
Y como no puede haber entrada sin videoclip, vayamos con uno de la tierra, en el que además aparecen distintos rincones de la ciudad de Valencia. Se trata de una canción del primer LP de La Habitación Roja, con la que se abrieron a algo más de público. Nunca han dejado de ser relativamente minoritarios, pero bueno, no cabe duda de que este tema, además de definirlos de alguna manera, les generó la cierta repercusión de la que aún gozan. Ahí lo tenéis:
Por lo demás, sólo decir que una de las cosas de las que más me alegro de este mes de abril que acaba es que he retomado la vidilla del blog, como espero que así siga siendo.